cuentos,poesías,pensamientos, caligramas,acrósticos,haikus,videos y todo artículo que me parece interesante compartir.
De pronto se abrió una puerta,una de las tantas que siempre
permanecian cerradas.
Era un edificio que hace rato estaba en construcción y nada en el
decía que estuviera habitado.
Su fachada era de blanca cal,sus ventanas bien cerradas,
ni una cortina bamboleaba al viento,ni una soga de ropa en su terraza,colgada.
Las cajas de medidor de luz,vacías,con toda la cañeria de cables por instalar.
De la puerta abierta,salió una extraña joven,que se quedo con la mano
en el picaporte,no atinando todavía a cerrar.
Esperando,quizás,que yo termine de llegar a cruzar esa "última puertita".
Me miro expectante,con turbada agitación y su hablar sonaba como un
chifle instalado en la espalda de una muñeca.
Parece que le faltaba aire para hacer sonido,su aspecto delataba eso.
Un palillo de escarbadientes con vestido rosado.
Su piel reseca de un blanco entalcado,su pelo castaño,cortado al carré,
parecía una peluca en la cabeza de un maniquí.
Carente de todo adorno extra,su sencillo atuendo terminaba con unas
guillerminas negras sin medias.
Rápidamente me increpó,tanto como sus fuerzas se lo permitieron y
me explicó que un auto había atropellado a su perrita Dina,que la quizo
salvar y no llego a tiempo y que allí adentro se estaba muriendo.
Pero lo más grave era que la perrita tenía cachorros y tenía que ir por
el médico canino.
Sin saber que iba hacer con ellos,me invito a pasar para verlos.
Entre en un oscuro y vasto pasillo y con un ademán me indicó al fondo.
en la puerta verde musgo.
Dicha puerta se bamboleaba como si vientos huracanados surcaban
el edificio desde adentro.
Empujé la placa verde y entre a una cocina redonda de poco espacio para caminar,avance con sigilo unos pasos,rodeando la mesa,tratando
de escuchar gemidos de perros recién nacidos.
De pronto y de la nada se abrio un gran pozo debajo de mis pies.
En un segundo me encontre aferrada de las manos a los bordes del hueco,mi cuerpo oscilaba hacia el negro precipicio.
Mire para todos lados,buscando un punto de sostención,pero todo estaba
cerca del abismo,pero lejos del alcance de mi mano.
Pensé en gritar en busca de auxilio,pero de algún lado me vino la convicción de que si emitia algún sonido,todo el lugar se iba derrumbar.
De pronto y ya era hora,apareció la chica silenciosa, parada abajo del umbral.Me miraba con la mirada perdida.
La mire con angustiante expresión de ayuda...y ella ni se inmuto, se dio vuelta para marcharse del lugar,pero antes alcanzó a decirme con su chiflida voz:
-Lo siento,no esta en mí ayudar-
Y se diluyo en el tiempo,atravesando una de las paredes,
desapareciendo, en su viaje hacía el más allá...
Relatos fragmentados de vívidos sueños que soñe.
Beatriz Else-derechos reservados 2010-